May 13th, 2013

¿De qué me estás hablando, Willis?

Hace tantos meses, tantos años que no me hacían esa pregunta, que no me tiraban esa frase, que no me invitaban a jugar un rato más largo, que no quería quedarme a proseguir los almohadonazos y las rayuelas y las figuras de tiza en el suelo del patio. Hace tanto tiempo... y hace tanta distancia, pero hace también tan bien al alma. Un parchecito por acá, otro por allá. Cicatricure en los tajos superficiales de cortar cebolla. Una vez más me siento sana y libre y camino entre las humanidades con ganas de caminar. La convalescencia emocional terminó. No paran de sucederme cosas. No paro de tener cosas que contar y cosas que callar. La belleza de compartir y la belleza del silencio corren cabeza a cabeza en este turf de otoño.

"Sueño intenso y rápido de grupos sentimentales con seres de todos los caracteres entre todas las apariencias", decía Rimbaud.

Pero también sensaciones que se quedan grabadas en la piel de ambos hemisferios. Australia, Buenos Aires, los intermedios oceánicos. Y sobre todo sentir la respuesta en el filo de las uñas, en el nacimiento del pelo.