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Eso de levantarse 4:30

Feb. 17th, 2013 | 07:39 am

y estar dos horas (dos!) para escribir el párrafo perfecto que me dio, a su vez, la idea para el título de la monografía y un punto de partida copado para un ensayo futuro y bien jugoso. A veces mi improductividad es sumamente productiva.

Y ahora, mates y sanguchitos de jamón y queso como Zeus manda.

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Gomitas

Feb. 13th, 2013 | 04:04 am

Dejar pasar las horas para que el recuerdo del sueño se disuelva en la experiencia múltiple de la vigilia, para que el sabor en la boca se mezcle con el de la cena, y la visión con el empapelado, y así poder transcurrir, proseguir con la vida, como si no hubiera sucedido nada. Nada, en efecto, ha sucedido: los Grandes Criterios explican con tono paternalista que no, que no puede ser, que no puede afectarte, que si no es real no importa. A modo de sugerencia amigable, barré la loza rota bajo la alfombra y concentrate en lo importante.

Leí por ahí alguna vez que el cerebro no distingue per se una experiencia real de una onírica. La codificación electroquímica del fenómeno percibido es equivalente en ambos casos.

Soñé por ahí alguna vez, acaso hoy mismo, que nos íbamos de viaje y tenías un gesto de ternura infinita y yo te besaba la frente en un rapto de cariño y te acariciaba de prepo el pelo negro. De repente la represa de la represión se abría y nos mordíamos por primera vez y abandonábamos la maldición de las sillas, la postura del té con tres de azúcar, y nos precipitábamos a la anarquía del suelo. De repente la represa de la represión se cerraba y nos acordábamos de todo (¿la realidad del sueño, la realidad real?, en particular de ella que te esperaba en tu ciudad. Pararse implicaba recuperar la compostura, abandonar la habitación del impulso, que me muestres, en la alacena del rincón del pasaje ínfimo frente a la cocina, un tarro de vidrio lleno de pastillas de goma, de material de souvenir.

Para ese entonces sabía que me había mandado una macana tremenda y ahora cómo arreglarla, cómo hacer para no hacerte sufrir, para seguir queriéndonos igual que siempre, para que el látigo de la culpa no restalle. Cómo explicarte que simplemente tenía que suceder, que lo sabía desde hace tantos meses, desde ese otro sueño, el de la fiesta en el salón y nosotros charlando al lado de las cortinas, y qué parecido todo a la realidad, la puta madre, qué parecido el piso de mosaico, las fotos de familia, las mesitas redondas, las telas que flamean levemente sobre las paredes, los ministros con su rancia y respetable autoridad.

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el arte de sonreír tristemente

Feb. 11th, 2013 | 08:23 am

Alegría. Eras simplemente feliz, y yo te quiero tanto (tanto) (tanto) que de mí se apoderaba un calorcito reflejo, como si mi mente hubiera estado tomando caña o esos licores de invierno que abrigan la garganta más que cualquier bufanda. Verte feliz me provoca un rapto de felicidad, tanto (tanto) (tanto) que hasta podría decirte "eh, vos, felicirraptor", con una sonrisa llena de dientes amigables. Hay algo que automáticamente se enciende y quiero darte la mano y bailar con el pelo lleno de trenzas o que te quedes dormido en mi hombro o que me quede dormida en el tuyo en algún micro intraprovincial. Afuera transcurría, inmensa, la noche y lucecitas y el silencio del grillo.

Alegristeza. Yo era simplemente feliz y triste. Te miro y veo, sonriente, mi tristeza. Una burbuja gigante que rodea todo lo que no me animé a darte por ese miedo maligno a no aceptar la derrota -la derrota del primer amor, que había ansiado y arrostrado durante más de un año- y todavía más tuve miedo de perderte, como a ese otro que ya estaba perdiendo y que tiempo después se convertiría en un extraño más y yo lo sabía pero todavía daba brazadas en el agua como esa vez en que estuve a punto de perderme en el mar. No, no quería, no podía convertirte en aquel a quien había amado tanto (tanto) (tanto) y de quien sin embargo me desilusioné irremediablemente, no era un destino aceptable para un miembro de mi manada, para mi espejo mordaz y ardiente de ambiciones. Tuve miedo, lo acepto. Me lo digo a mí misma para no olvidarlo nunca: entré en pánico, no me quise jugar, te fabriqué un papel feliz y artificial e interpreté esa comedia tantas veces (tantas) (tantas), que terminé creyéndola como Bela Lugosi, y así fue mejor, así es mejor, llegué a sentir realmente lo que quería sentir -o no sentir-. Los meses fluyeron como siempre. A veces la mampostería se desgarraba y entonces me atacaba la poesía, las lágrimas bajo el acolchado para que nadie viera, el morderme los labios y Hesse a rabiar.

De nuevo los años, los viajes, las distancias, otros amores, más años, más distancias, y a pesar de todo continuamos siempre unidos; casi podía atisbar el hilo plateado que de tiempo en tiempo me daba un tironcito, pero cada vez menos, y aún así tanto amor (¿otro amor?) (¡tanto amor!) inúndandolo todo. Sonrío. Me hacés sonreír. Estoy triste. Mi hermano, mi compañero, mi querido... como verás, no me fue tan bien en ciertas cosas. Te veo y me veo -no puedo no verme- en un juego de truco que ganamos porque te regalé con trampa las mejores cartas. Te veo y me veo en esa noche bajo el Can Mayor, tu mirada dolorosa y brillante de emoción al aceptar ese pacto tibio que se me escapó torpemente de la boca en vez de... ¡ahh, era tan piba y sabía tan poco del amor, de la tibieza, de las estrellas!

//En el sueño se presenta mi antiguo amante y comprende de pronto a la nueva mujer en mí y todas las barreras autoimpuestas caen como una venda, una venda en los ojos, una venda en la herida abierta del fracaso, que ahora es cicatriz o acaso piel rosada y fragante. Sobreviene un temblor, porque es difícil despojarse del recuerdo de aquello que alguna vez fue, pero también aparece la confianza, un tigre con ánimos de juego, un bostezo, un gruñido, un aluvión de besos.//

Ahora soy yo la del desamor, una esmeralda en un ojo y medio zafiro en el otro, húmedos de gracia, de sonrisa. Estabas tan lindo... cómo decirte ahora que por unos minutos me sentí la reina de la noche: mientras bailábamos resplandecían eternas las constelaciones a través de la niebla en vez de las luces de baile y la máquina de humo. En mi gargantilla llevo las estrellas, y estoy de rojo y negro, y vos de rojo y negro, porque siempre fuimos eso: rojo y negro, rojo o negro, pero el blanco, todo el blanco del mundo le pertenece a ella la que te ama. Nada puedo ofrecerte, esto no es amor, es un amasijo de emociones y recuerdos y represión, una plastilina de sangre y es bailar pero no, pero no (pero no).

Mientras tanto también amo a quien no me quiere, quiero a quien no me ama, desprecio lo que se me da, doy lo que me queda, patino hacia el horizonte como mejor me sale, con el talón lleno de flechas que espero que el tiempo cure, aunque lo único que sé del tiempo es que miente y persuade y tuerce la memoria. Todavía confío, todavía busco, todavía huyo, todavía todo lo que amo existe lejos de mí en kilometraje y sentimiento, y nadie me presta el brazo para sostenerme mientras contemplo tu entrada triunfal, ella tan radiante, vos tan sonriente, y cómo me gustaría sonreírte simple y alegre, pero te doy lo mejor que tengo y en este instante no hay nada puro en mí, nada que no sea sonreírte con tristeza pero sin que se note y desearte genuinamente todo el cielo que existe mientras pienso en cómo me gustaría que me hicieras un lugar, por modesto que sea, porque yo también quiero un pedazo de cielo, una parcelita ahí en algún rincón de la galaxia y a la vez cerca tuyo y cerca del vacío, del espacio infinito. Y sonrío (¡sonrío!), porque lo que te ofrezco, lo que aceptaste esa noche, sin firmas ni fiestas ni vestidos de gala, es verdaderamente hasta que la muerte nos separe. Y, de únicos testigos, las estrellas.

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todo el amor del mundo

Jan. 12th, 2013 | 07:16 pm

mis sueños se fueron de control
mi realidad se fue de control
and what exactly is a dream?
and what exactly is a joke?

mi capacidad de querer es como Gmail, cuando creo que ya no tiene más espacio, me da más bytes



"en el misterio de los sueños las almas se unen y se renuevan, cambian y sin embargo siguen siendo las mismas, como el alma de un músico en una fuga"
Bram Stoker - "La joya de las siete estrellas"

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lo más difícil

Jan. 9th, 2013 | 08:13 pm

quiero aprender a no juzgar a nadie por no comprender intuitivamente sus deseos en los modos y tiempos que me parecen bien para mí

y cuántas veces yo misma no comprendí mis deseos!

despertarse a las 4am en llanto feliz de aprendizaje
quedaron atrás los sueños de rechazo
estoy en camino y en los brazos fantasmales de mi propio inconsciente

mañana es mejor
y ya es mañana

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sabiduría de borrachera

Dec. 21st, 2012 | 05:12 pm

no lo va a saber
pero no importa
esta todo acá adentro
el mundo, el mundial, el apocalipsis, el trofeo
los quiero a todos
a vos también
así es el mundo

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Gataflorismo onírico

Dec. 10th, 2012 | 08:32 pm
music: hymn of the big wheel

Antes me quejaba de una profusión de sueños de rechazo, de levantarme con un ojo morado metafórico, una trompada invisible en la cara en las horas AM que me pulverizaba el ánimo durante un día y la mitad del otro. Hoy me quejo -gataflora yo- de lo contrario, de la felicidad excesiva y el despertar como un baldazo de agua fría. Pero, ¿por qué me quejo, ahora que los días transcurren satisfechos, signados por esa sensación de esponja sin dueño y silbido buscando? Por la imposibilidad de la visión, del Vellocino de oro que aguarda en un mundo bajo llave, la puteada infernal de Cenicienta envuelta en sus harapos sobre un zapallo descomunal. En mi existencia alterna hay una alegría alquímica que no necesita consumarse, reside en la mera consciencia del amor como una sorpresa, ese rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en el medio del patio, un dragón surcando el universo con la imagen completa de mi ser fragmentario en el revés de la mirada, el recuerdo de un amanecer en el puerto mirando el agua tranquila y viendote llegar.

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sobre la aparentemente nula distancia entre un poeta isabelino y una muchacha como yo

Jul. 30th, 2012 | 05:32 pm

The Paradox (Sonnet LXII, from Idea)
by Michael Drayton

When first I ended, then I first began;
Then more I travelled further from my rest.
Where most I lost, there most of all I won;
Pinèd with hunger, rising from a feast.
Methinks I fly, yet want I legs to go;
Wise in conceit, in act a very sot;
Ravished with joy amidst a hell of woe;
What most I seem that surest I am not.
I build my hopes a world above the sky,
Yet with the mole I creep into the earth;
In plenty, I am starved with penury,
And yet I surfeit in the greatest dearth.
I have, I want; despair, and yet desire;
Burned in a sea of ice, and drowned amidst a fire.

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A reminder

Apr. 3rd, 2012 | 12:15 am

Quiero sacarle una foto a mi cabeza y ponerla en modo sticky para recordar ese día en que, sin razón aparente, sin triunfos ni revanchas ni grandes acontecimientos, me desperté contenta conmigo misma y con el mundo, llena de entusiasmo, luego de semanas muy accidentadas y pensamientos turbios.

Yo me quiero ilimitadamente.
A vos te quiero sin condiciones, sin esperar nada, absolutamente nada a cambio.

Amo a mis compañeros humanos y a sus torpes intentos de comprender, de ser comprendidos, y de individualizarse. Amo todos estos movimientos que no pueden sino chocar y crear conflictos. Amo la aceptación del conflicto, amo que se pueda transformar en juego, amo la obsolescencia de las mentiras capitales que se dicen cotidianamente, amo los mundos nuevos, valientes y posibles, y amo cada paso -por doloroso que sea- (ahora sí puedo decirlo, ahora que estoy sanando) que doy como persona, cada milímetro que me arrastro como babosa, cada lámpara contra la que me estampo como polilla, amo esa sensación de que cada vez logro entenderme mejor, decirme más cosas a la cara. Ojalá me funcionara así de bien con los demás. Ojalá suceda. Tengo esperanzas. Muchas esperanzas. Grandes esperanzas.

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The Lukewarm (2+2=5)

Mar. 20th, 2012 | 08:40 pm

No sé si miento. Creo que, en principio, me había estado mintiendo mucho a mí misma últimamente y de eso surgieron toda clase de complicaciones. Hay una charla, ahí suelta en el pasado cercano, de la que me arrepiento por completo. Yet I meant it; en ese instante quise decir todas esas palabras, como una ingenua que no sabía lo que decía, como una impaciente a la que se le apelotonan las frases porque no sabe qué otra cosa hacer, y entonces realmente creí en lo que te estaba diciendo. Nada más que, semanas después, de repente me vi a mí misma con mayor nitidez, y presté atención a las reacciones de mi cuerpo y las reacciones de mi alma que es mi cuerpo que es mi alma y me di cuenta de que todas mis razones habían estado equivocadas. Y hay una conversación que querría borrar porque no es lo que quise decirte, porque no es lo quiero que pienses que quise decirte, porque no quiero que te imagines una mentira, porque prefiero pararme frente a vos en ridículo pero buena y bella y verdadera. Pero no vas a entender, porque cuando me mirás no me ves, porque no querés verme, y cuando me hablás no me preguntás, porque no querés escucharme, porque hay un pozo demasiado profundo junto al que todos caminamos de puntillas, un pozo que no se contempla con fijeza por temor a que lo que haya adentro no se parezca lo suficiente a la idea que uno tiene del futuro, es decir, un paisaje absolutamente novedoso y sorprendente. O, también, por miedo a que no se parezca lo suficiente al deseo y sus criaturas.

Te perdí en forma de un objeto: cuando perdí ese objeto tus aliados internos enmudecieron. Tanto, tanto tiempo después, de la manera más extraordinaria recupero ese pedazo de historia: primero una risa de alegría, más tarde una piña en el pecho. Recupero la verdad. Me enfrento a mí misma; me comprendo como hace tiempo no me comprendía, pero ahora no sé qué hacer. Ahora no sé cómo actuar. Ahora todo me dice que no puedo actuar, que esta vez no puedo comportarme como el caballero de la armadura brillante que tanto me gusta creerme. Ahora el heroísmo es callar, dejar pasar el tiempo, sonreírle a las nubes, llorar cortando cebolla, aceptar que no es mi turno de mover las fichas y con toda probabilidad no lo sea nunca. Hay un cachito de tela rayada que necesito perder en el fondo de un cajón. Pero no puedo, no me sale tirarlo, no sería fiel a mí misma. A woman's gotta do what a woman's gotta do. A seguir cosiendo, leyendo, corrigiendo, trabajando. Algo va a salir de todo esto, y seguramente los caminos se dispongan hacia mi bienestar. Por ahora todo es la tibieza y yo en medio de la tibieza, todos en medio de la tibieza y sus colmillos de goma, sus uñas de mercurio enloqueciéndome de a poco, y mis ganas de sacudirte como un espantapájaros y en vez de eso te abrazo y en mi cabeza algo como una media se retuerce y sigo mi camino a regañadientes porque no logro comprender, porque hay algo que está roto o, mejor dicho, atado con alambre, y tengo ganas de gritar bien fuerte que no es la manera, que hay que agarrar al Minotauro por los cuernos, que despierto de mis noches con las neuronas llenas de imágenes hermosas e imágenes horrendas, y de ambas me cuesta despertar.

Despierto todas las noches.
Despierto todos los días y es el mismo corredor somnoliento el que transito, un calendario laboral, un calendario académico, mis pequeñas victorias cotidianas, el salón de trofeos abstractos que acumulo y que con muchas ganas tiraría contra la ventana, porque a veces tengo ganas de ir a gritarte a la ventana como una escena de esa película verde, verde como yo y mi esperanza alucinada y proletaria, y no dejarte dormir y romperte los vidrios y que me lleve la policía; entonces estaría haciendo algo, algo intenso y estúpido, y sabés cómo soy de intensa y estúpida y brillante y real. A veces me siento tan inmensa que tengo miedo de comerme una galaxia. Otras veces me siento tan pequeña que un escarabajo podría pisotearme y no darse cuenta. Pocas cosas comprendo, y todo quiero comprender, y a vos no puedo comprenderte y mucho menos creerte, y mucho menos creerte la abundancia cuando todo lo que puedo ver es la carencia, una carencia que sólo a mí me importa, que sólo yo interpreto y que seguramente sea apenas una proyección de mis propias pulsiones. Mi sed es infinita, no hay océano que pueda llenarla, no en estas circunstancias. Quizás me falte conocer gente, y lo que me falte sea hacer el viaje del Principito. Siempre puedo acomodarme en algún sitio. Ninguna de las rosas es mi rosa. Mi rosa está en otra parte, está con la vida verdadera, y la vida verdadera está con mi deseo, y que alguien le diga al deseo que se pose sobre tal o cual objeto; el deseo siempre va a arreglárselas para hacer lo que se le cante, y claro, yo puedo ponerle energía a esta u otra tarea, pero cuando bajo la guardia me doy cuenta de que sigo siendo un monito perdido en la palma de Buda. Me constriño porque algún día voy a sanar, sí, voy a sanar incluso contra mi voluntad, y voy a sanar más rápido si mi voluntad está conmigo. No dejo de constreñirme, sin embargo. Mis entrañas están en desacuerdo, ellas saben mejor que yo, pero se la bancan con entereza. Y yo también, callada e impotente y rabiosa, y mejor si estoy rabiosa porque con esa energía tengo más ganas de enfrentarme al afuera y acometer mis tareas, una suerte de banco de suplentes del entusiasmo lesionado. Porque el entusiasmo surge dejando en libertad a mi deseo, y mi deseo en libertad me lleva de nuevo al pozo donde me siento, cuando nadie me ve, cuando me atrevo, a murmurar tu nombre a ver si de casualidad estás por ahí, y que me lleve el diablo si no veo un fantasma con una silueta familiar, murmurando un nombre familiar con gestos familiares. Pero no, a quemarlo todo, tiremos el hierro y adoptemos el plástico, para qué quedarse con tecnologías obsoletas. Sí, estoy siendo irónica, pero es que me gustaría tanto poder creerte... Me gustaría tanto poder deshacerme de todo esto como si fuera mugre. Pero tampoco puedo creerme a mí cuando digo estas cosas. Me meto en la ducha y no importa cuán caliente esté el agua, todo se siente tibio, espantosamente tibio.

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